lunes, 6 de septiembre de 2010

En Vela JULIO RODRÍGUEZ

Jorge Arguedas, presidente de la Asociación Nacional de Técnicos de Telecomunicaciones (Anttec), del ICE, fue espiado durante 11 días por 7 funcionarios, fotógrafo incluido, sin contar los retenes, “para ver qué hacía en horas de trabajo”. Así lo ordenó la Dirección de Protección y Seguridad Institucional del ICE. Conclusiones a partir de los informes.
Primera y esencial: Violación flagrante y repudiable de los derechos constitucionales de este compatriota y dirigente. Segunda: Prueba palmaria, entre un montón de tortas conocidas y no conocidas, de la desatinada gestión familiar del ICE en la administración pasada' con interrogantes en la actual. Tercera: Diagnóstico doloroso de que el problema principal del país es mental. Se confirma lo dicho por el programa Estado de la nación: “somos un pueblo alfabetizado, no educado”. ¡Cuán previsor fue don Pepe al abolir el ejército! Cuarta: Dichosamente el déficit mental, como en este caso, termina en comedia, igual que un famoso secuestro hace dos décadas. Otros casos, como los sentenciados en las últimas semanas, desembocan en estupor y tragicomedia, indicio de que, en punto a la tontera humana, la brecha de la desigualdad se sigue acortando.
Quinta: Deben publicarse las actas de los 7 espías durante 11 días. De ellas se infiere, sin la menor duda, que Jorge Arguedas es decente y en él no hay mancha de pecado: sale de la casa a temprana hora, no visita lugares sospechosos, “viste pantalón azul y camisa celeste”, es decir, no es, para honor suyo, ni saprissista ni liguista, quizá cartago, esto es, manso y resignado. No toma ni fuma, anda con buenas juntas, “come en una soda esquinera cercana al ICE”, testimonio de frugalidad y transparencia; “va al Banco de Costa Rica y pasa por la Clínica Bíblica, por Multiplaza y Comercial del Sur”, signos evidentes de globalización y pluralismo; “se le vio por la iglesia católica de San Ramón”, indicio de su sentido de trascendencia y, detalle formidable, “compró pan y un periódico frente a su casa”. En este punto, el espionaje falla, pues no concreta cuál periódico, dato sospechoso, que de seguro fue motivo de un nuevo espionaje. En fin, si legalmente su intimidad fue violada, su moral está a prueba de bombas.
Sexta: Si tantos se dedicaron a vagabundear, detrás de Jorge Arguedas, de 7 a. m. a 5 p. m., fiel horario a la tica, como en las aduanas, no hay duda sobre la falta de oficio y el exceso de empleados en el ICE. Séptima: Los momentos más emocionantes del espionaje, como las horas en que los espías no tenían nada que hacer, no pudieron consignarse en actas pues “se fue la señal”'
Doy fe de lo escrito en la soda de La Nación.

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