Columna: A doña Laura le falló su gente

Columna: A doña Laura le falló su gente

Columna: A doña Laura le falló su gente

No había que ser chamán para predecir la suerte del gobierno de la presidenta Chinchilla, y de la nuestra como país. A ella le falló su gente y ella nos falló a nosotros.
Eso es lo que sucede cuando se llega al poder por la vía del güipipía político: no sólo lo asumen sin un plan país de nada sino que sin un equipo humano identificado con la causa u obra por realizar.
Esta es la hora, es decir, más de tres años después de su arribo a Zapote, en que doña Laura carece de esa obra magna y perdurable que debe caracterizar a todo gobierno serio, estable y con un norte.
De ahí que, no por casualidad, ella se haya quedado sola. En su Presidencia hoy día asustan. La pueblan los fantasmas del estrago. Y es lógico: si el andamiaje de su gobierno no se podía sostener por sí mismo, mucho menos podía sostener las riendas del país. Si su gabinete era un ir y venir de jerarcas disgregados y sin un objetivo común, el resultado iba a ser el horror. Y ahí estamos.
Es de tal magnitud la sucesión de pifias de su círculo presidencial, que doña Laura pareciera haber estado rodeada no de servidores leales y competentes sino más bien de improvisados y aprovechados que en vez de ayudarla la embarcaron.
Los ha tenido nefastos como los que nos metieron en el enredo de Isla Calero con Nicaragua, de infausta e irreparable repercusión económica, histórica y moral para nuestra soberanía y con el que tendremos que lidiar quién sabe cuánto tiempo mientras ellos, tras su descomunal error, en mayo entrante se irán tranquilos y bien comidos de regreso a sus casas. ¡Y el país que mame!
Los ha tenido “muerdequedito” como la singular pareja esa que se metió en líos institucionales de asesorías, platas e influencias y que, a juzgar por los consabidos padrinazgos propios del poder, podría quedar impune, bien fondeada y gozando de la flaca memoria del pueblo.
Los ha tenido geniales para el ridículo y el absurdo como el de la platina, estafas como la de la Trocha e imposturas como la de la vía San José-San Ramón, entre otras atrocidades que han agotado la paciencia de la ciudadanía y dado pie a encendidos movimientos cívicos.
Y siempre como parte de este elenco de luminarias presidenciales, los ha tenido también que la “secuestran” a punta de buena parla, cuentos de hadas y lisonja para sacar ventaja de su investidura y exponerla a situaciones embarazosas como la del famoso jet de la discordia. ¿Es que el “first class” de los aviones comerciales ya no le acomoda?
Los ha tenido, además, expertos en imagen y comunicación que la han puesto de espaldas a la prensa, al público y al país haciéndola más impopular que nunca, distante, malgeniada y evasiva, muy lejos de la apertura que tanto proclamó a la divina hora de los discursos.
Lo que pasa es que por las mismas razones por las que echó a mucha gente de su gobierno, ella hace tiempo se debió también haber echado a sí misma. Con carta de despido y todo. Y un decreto diciendo: “Considerando: 1) Que el camisón me quedó demasiado grande… Se acuerda: 1) Que mejor me jale pa’ mi choza”.
Pero en vista de que doña Laura no ha tenido con el país la fineza de devolverle la presidencia que este le confió, virtualmente la gente se ha encargado de decirle “Chao” a su manera a través de los sondeos de opinión, encuestas, redes sociales y entrevistas.
Le dio el adiós anticipado porque al igual que sus antecesores ella la defraudó. Salvo vanidad política, no tenía ni obra ni gente ni malicia. Ni siquiera la más leve noción de que lo que el país necesita es una vuelta de tuerca para lo que la clarividencia, el carácter y la determinación son de vida o muerte.
Pero ni modo. A seguir esperando el Mesías político que nos saque de esta orfandad existencial aunque, viendo al enésimo de ellos que ya se cierne sobre nuestros huesos en febrero de 2014, lo más apropiado es intentar un nuevo “En el nombre del Padre, del Hijo…”
ed@columnistaedgarespinoza.com

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