lunes, 13 de julio de 2009

Desde la gradería de sol para don Beto Cañas


Don Beto Cañas -fiel a su forma de ser- nos dice en una entrevista que el golpe de Estado en Honduras se justifica -según su particular óptica- y para hacerlo, pone argumentos que bien leídos, uno no logra encuadrarlos ni entenderlos.



Luis Mata

Dice don Beto que el no es nada legalista; sin embargo, para justificar su decir, acusa al Presidente Zelaya de brincarse las leyes y la constitución de su país; entonces don Beto: ¿Usted es legalista o no lo es? O más bien, ¿Si las leyes favorecen su forma de ver el mundo, si se respetan y si no, pues no?

Puede ser que las cosas que haga un presidente no sean las que éste servidor considera correctas; pero lo cierto es que -mientras no se cambien- las elecciones como expresión de la gente, son las que dicen quien queda y quien no, nos guste o no nos guste.

Para don Beto, el presidente de Venezuela es un loco y hay que volárselo; entonces, desde esa perspectiva, don Pepe debió ser derrocado de inmediato, porque hizo cosas que para un sector eran locuras -tanto que ahora se las vuelan cada vez que pueden- y en no pocas ocasiones -según cuentan- hizo lo que consideró correcto, a pesar de las leyes.

En esa misma lógica tan ilógica --don Beto que se confiesa nada legalista-defiende a capa y espada su visión excluyente sobre la política y la participación de la gente en las decisiones, tanto, que hasta según su decir, se opone a los plebiscitos; es decir, para don Beto, la masa de gentes que componemos eso que llaman pueblo, no tenemos derecho a pronunciarnos sobre lo que consideramos correcto o no para el país; o sea, para don Beto, hay una suerte de iluminados -quien sabe si divinos o satánicos- que deben decidir por la gente, porque para don Beto los votantes somos la gradería de sol del estadio Saprissa -pensar que doña Laura y don Ottón van al estadio- y no piensa y si lo hace, no sabe.

En lo personal, cada vez que los Betos Cañas nos descalifican a los que creemos que hay otras maneras de hacer las cosas en política, ni me ofendo ni me importa; en la democracia como tal, hay que aguantarse a quienes difieren de nuestra forma de ver el mundo, aunque ellos no lo hagan; pero lo que me parece francamente detestable, es que haya quienes confunden lo que es correcto con su propia conveniencia y don Beto, con todo respeto, usted es uno de esos.

Porque justificar o "explicar" un golpe de estado con frases que no llegan a argumentos, solo puede entenderse como una expresión consciente de quien piensa que el poder debe ser de unos pocos y no de todos y todas; usted puede decir que no le gustan los amigos del presidente Zelaya o de quien a usted le de la gana; pero de allí a pretender que eso es suficiente para dar un golpe de Estado, eso, don Beto --en mi caso particular-me parece francamente totalitarismo del más rancio abolengo.

Sin embargo si se ven bien las cosas o -para decirlo a lo moda- se miran bien, no hay sorpresa en su forma de ver el mundo: usted ha sido consecuente con lo largo de su vida con esa visión totalitaria, que justifica que las decisiones que afectan a todo un país, sean tomadas por unos pocos y pocas; ¿o acaso no es esa su opinión de las convenciones partidarias?

Para usted las decisiones se cuestionan o apoyan según quien las tome; por eso hay algunos a quienes nos pareció patético su "debate" con Otto Guevara sobre don Pepe y su amistad con Robert L. Vesco; si fue don Pepe, está bien; habría que ver que diría en el caso de que fuera Calderón, Carazo o cualquier otro personaje que no goce de sus simpatías.

Desde la gradería de sol del PAC, quiero decirle que no comparto ni sus declaraciones ni su forma de ver el mundo: usted, a pesar de ser Presidente de éste partido, no representa lo que yo pienso ni lo que siento y me opongo por completo, a justificar o "explicar" el golpe de Estado en Honduras, como usted sí lo hace; en su lógica, sus expresiones darían pie a que le diéramos a usted un golpe de Estado.

Sin embargo, quienes creemos que en la democracia tienen cabida todo tipo de expresiones, nos vemos en la obligación de respetar su derecho a decir lo que quiera; la responsabilidad que a usted le cabe, es la de respaldar sus decires; pero es responsabilidad de otros y otras, que usted ocupe la presidencia del PAC y son ellos y ellas, quienes tienen que apechugar con que usted cuando hable, no deje claramente establecido, que esa es su forma de pensar y que de ninguna manera se puede creer o entender, que habla a nombre de todos y todas los que simpaticemos con el PAC, aun cuando no compartamos en no pocas ocasiones, las decisiones que el partido toma.

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