España reconquista la gloria 44 años después





La filosofía española se impuso a una intermitente Alemania y la Selección volvió a subir a lo más alto de Europa 44 años después. Alemania cayó en la gran telaraña roja y no encontró la manera de salir. Xavi puso la magia y Torres, el nuevo Marcelino, la definición, y junto al resto de la parroquia, se encargaron de mancillar el buen fútbol desplegado por los de Joachim Löw durante toda la Eurocopa. España mantuvo el guión, se ganó el respeto e hizo justicia en una Eurocopa a la que sólo le faltó un resultado más justo. Alemania tendrá que esperar cuatro años más para conquistar el trofeo europeo. España ya no podrá quejarse de complejos ni de Aragonés, que clausura su paso por el banquillo nacional de forma impoluta. Sin perder un partido. Como los campeones.

DESPUES DE 44 AÑOS

Y VIVA ESPAÑA

España salió con el cuento aprendido, y Alemania dispuesta a dar la sorpresa. Pudo hacerlo Hitzlsperger a pase de Klose a los tres minutos al aprovechar un error en la defensa española que no pudo concluir con un disparo a puerta. A remolque comenzó la roja, dominada por una Alemania insistente, que se apoderó del control y construía el juego cómodamente por la banda izquierda. Löw pedía tener el balón con paciencia, y Aragonés negaba con la cabeza. Faltaba la chispa con la que la Selección comenzó los anteriores partidos.

No estaba tan aprisionada España. Esperó el ataque alemán para montar la contra, y la oportunidad llegó sola. Primero, en el minuto 13, un aviso leve, con un centro de Xavi en el pico del área que a punto estuvo Metzelder de colar en propia puerta. Después, en el 22, otro más serio. Torres remataba al palo un centro de Ramos. Había que esperar, confiar en la velocidad del madrileño. Llegar a la portería alemana no era una quimera, y con el juego controlado en los pies de Iniesta y Xavi, España despertó.

Así, desde la segunda línea, llegó el gol. Marcos Senna conectó con Xavi, el artífice del juego español, y éste rompió la línea de Metzelder y Mertesacker con un pase vertical sobre Torres. La rocosa pero lenta defensa alemana se deshizo ante la velocidad del de Fuenlabrada, y el balón terminó entrando en la portería de Lehmann con un toque genial de Torres. El sueño se acercaba, y el equipo se vino adelante. Tanto que el segundo pudo llegar apenas dos minutos después. Otro pase en la medular dejó a Iniesta dentro del área rival con toda la portería por delante, pero el manchego pecó de generosidad o falta de confianza, y cedió el balón a Silva, el improvisado delantero, que remató calamitosamente fuera.

Cambiaron las tornas. España se hizo dueña del juego a base de toque y forzó a su rival a arriesgar, pero Ballack estaba desaparecido, adoleciente por un choque con Senna que le abrió la ceja, y sin el capitán, los alemanes no encontraron la brújula. No estaba Ballack, pero tampoco Klose ni Podolski conseguían quebrar la defensa española. Y al otro lado, Xavi seguía con la batuta, atemorizando a la defensa germana con tan sólo acariciar el balón. La clave estaba en él, y de nuevo llegó la oportunidad en el 54, con un pase de tiralíneas sobre Torres que aplacó Lehmann en una gran salida.

Llegó el descanso, y los cambios, Jansen y Kuranyi aportaron la frescura que tanto le faltaba a Alemania y Ballack abrió la veda con un tiro peligroso que salió junto al poste de Casillas. En apenas tres minutos, los de Löw metieron miedo seis veces, desesperados por empatar. Pero España no se amilanó, e inmediatamente contestó con remates de Ramos e Iniesta que evitaron Lehmann y Frings, este último bajo palos tras un corner estratégico que finalizó Iniesta.

Aragonés recicló el banquillo. Dio entrada a Xabi Alonso por Cesc y a Güiza por Torres, pero el alivio que dejó la ausencia del delantero se suplió con el cansancio en los últimos compases del partido. Schweinsteiger no colmaba la banda derecha y España, más activa, siguió creando peligro. Senna se sumó al ataque, e incluso pudo marcar en el minuto 80 tras una internada de Cazorla. Alemania estaba a merced del toque en el centro del campo, deteniendo el juego a base de faltas. El resto estaba escrito. España era campeona; lo fue casi desde el principio, y con motivos sobrados ante una digna Alemania que tuvo que rendirse a la eficacia del juego colectivo de un Aragonés que dice adiós con la cabeza alta y los laureles en su palmarés.

Comentarios