jueves, 29 de mayo de 2008

La dignidad, el agua y la democracia en Sardinal

La lucha por la defensa del agua que ha venido dando la comunidad de Sardinal de Guanacaste visibiliza la necesidad de precipitar cambios mediante la imposición de lo local. La democracia representativa, que además funciona como camuflaje de autoritarismos intransigentes, se está viendo subyugada por la fuerza de la unidad popular, en una contienda inspirada por la identidad, la dignidad y el valor. Este martes 27 en sesión municipal la municipalidad de Carrillo no tuvo más remedio que tomar la decisión de detener temporalmente el avance de las obras del acueducto hasta tanto los desarrolladores no se pongan a derecho. Nuevamente se demuestra que la democracia participativa tiene por escenario las calles y solo es escuchada al unísono de la muchedumbre.

Este proceso ha permitido desprender también a algunas caras de sus máscaras: se desdijo en la práctica la diputada Mauren Ballesteros que afirmaba velar por que las cosas se hicieran a derecho y con el consentimiento de los habitantes del distrito; don Ricardo Sancho, presidente Ejecutivo del A y A luce ahora su bello púbico, mientras circulan por los diversos medios de prensa sus mentiras y sus argumentos demagógicos investidos con su aliento de malinche, entre tanto el alcalde Carlos Cantillo y el presidente del Concejo Municipal Claudio Franklin Rivas se escudan y lavan las manos amparándose en la resignación ante la consistencia de un movimiento al cual ya no podían engañar y mucho menos doblegar.

En este cuento siniestro en el que se pretende que los buenos se mueran de sed y los malos se ahoguen en el derroche, en medio de un desafuero de desesperación mezclado con desfachatez y prepotencia el representante de Mapache Carlos Arroyo alega, con toda propiedad histórica-antropológica, que si desaparecen los desarrollistas volveríamos al tiempo de los indios, según sus declaraciones emitidas a la cadena Repretel.

Algunos sectores que gozan de privilegios y medios de comunicación, por su parte, tratando se sacar partido del río revuelto anticipan la estrategia “agua para todos”, omitiendo advertir que algunos de esos todos se quedarán con el agua cuando la misma no sea suficiente o cuando el desarrollo turístico y las plantaciones de monocultivos contaminen la que queda. Y es que las comunidades se están viendo afectadas porque este desarrollo turístico avanza más rápido que la capacidad para abastecer con que cuentan los mantos acuíferos y las fuentes superficiales. Las comunidades no tienen problema para su propio abastecimiento, sí en cambio surge uno cuando la distribución implica expropiación a quienes no se ven respaldados por el dinero.

La bandera de Costa Rica ahora blande sobre nuestros recursos naturales, la posibilidad de perderlos o entregarlos consuma la amenaza de una patria ajena y de un pueblo tico sin reconocimiento. Permitir el despojo es comprometer nuestra identidad y nuestra vida. ¡Guanacastecos!, ¡costarricenses!, no abandonen las trincheras sabemos que la lucha continúa, la defensa por el agua solo termina cuando el acceso a este recurso sea declarado un derecho humano.

Juan Félix Castro Soto es funcionario de la Pastoral Social de la Diócesis de Tilarán.

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