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domingo, 14 de agosto de 2011

Costa Rica frente a la crisis económica internacional: 10 preguntas y algunas respuestas (en palabras sencillas) Henry Mora Jiménez *


Como el título de este artículo ya es demasiado largo y espero que suficientemente expresivo, vayamos directamente al grano.
Observatorio de la Coyuntura. Escuela de Economía. Universidad Nacional (UNA)
1-¿Se sumergirán nuevamente las economías de los Estados Unidos y Europa en una profunda recesión, similar a la de 2008-2009?
La mesa está servida. J.P Morgan lo anuncia y los últimos datos económicos lo confirman. En realidad, nunca se salió completamente de la recesión del 2008-2009, solo nos movimos del fondo del pozo, nos alejamos un poco del abismo. Y como con el pronto regreso de las políticas neoliberales, a las bolsas les comenzó a ir bien en el 2010, algunos se apresuraron a decir que la recesión ya había pasado. Gran error.
2-Qué diferencias veríamos entre esta nueva recesión y la anterior?
La anterior recesión fue como una llama que se convirtió en un gran fuego con el colapso del sector inmobiliario y la crisis de los derivados (bonos chatarra). Su dispersión por todo Occidente paralizó inversiones, contrajo el consumo, quebró bancos y, casi casi a algunos gobiernos (Islandia, Irlanda). En este momento la presión financiera proviene principalmente de gobiernos altamente endeudados (altamente “enhuecados”, como dice el peruano Oscar Ugarteche).
Pero hay un elemento distintivo que hace prácticamente segura la recesión: la propia política estadounidense (bajo la presión y chantaje del Tea Party –el ala ultra conservadora del Partido Republicano), lo mismo que la europea, justo la están propiciando, tal como aconteció durante la «década perdida» en América Latina. A los neoliberales solo se les ocurre que hay que recortar gastos gubernamentales (mejor si son “gastos sociales improductivos”), y estando el sector privado en una crisis de confianza y falto de toda perspectiva, pues no habrá una pronta salida. Esta recesión será más larga que la anterior, y se concentrará en el “sector real” de la economía, es decir, en el empleo.
3-¿Se vinculan directamente ambas crisis?
Ya dijimos que en realidad se tratan (ambas recesiones) de una misma crisis, separadas por un breve período de optimismo. Y hay un vínculo directo que lo prueba: el elevado endeudamiento actual que tiene en serios apuros a Estados Unidos y a Europa es el resultado directo del “salvamento” de bancos y otras empresas emprendido por los gobiernos durante 2008-2009, “porque eran demasiado grandes para dejarlas caer”. Así que la chispa no vendrá esta vez del sector inmobiliario (que no ha logrado recuperarse), y son los mismos gobiernos los que están cortando y poniendo la leña.
4-¿Nos acercamos a una crisis terminal del capitalismo?
Supongo que más de uno/a eso quisiéramos, pero no parece probable. No tanto por la supuesta versatilidad del capitalismo, sino por la ausencia de respuestas organizadas y creíbles (ausencia no en un sentido técnico, que las hay muchas). Lo más probable es que nos enfrentemos a un largo período de decadencia del sistema, con avances anti capitalistas solo parciales durante las próximas décadas. Pero seguramente, el gigante con pies de barro no se caerá solo…
5-¿Cuáles serán los principales impactos macroeconómicos sobre las economías de Centroamérica?
Serán muy similares a los de la crisis 2008-2009: a) fuerte desaceleración del crecimiento (incluso negativo en el fondo de la crisis), b) disminución de la inversión extranjera (hasta en un 20%), c) disminución del envío de remesas, d) impacto negativo en el turismo (¡ahora que estaba en vías de recuperación!), e) fin de la leve recuperación de las exportaciones, f) empeoramiento de la situación fiscal. En estas condiciones, las monedas locales podrían depreciarse un poco, pero la entrada de capitales golondrina (si no se los regula) podría impedir este proceso. Pero si la leve (esperemos) depreciación se consolida, las tasas internas de interés tendrían que aumentar, aunque no lo hagan las tasas en Estados Unidos.
Y una (relativamente) buena noticia: no es de esperar que la nueva fase recesiva esté precedida o acompañada por un brote inflacionario, como ocurrió en 2008. No por muy buenas razones, sino porque el estancamiento no lo propiciará.
6-¿Y cuáles los principales impactos sobre la población?
Tal como ocurrió en 2008-2009, la población más afectada será la que se ubica en zonas rurales y cuyo sustento depende en gran medida de las actividades turística y agropecuaria de exportación. En general, la contracción de los sectores más transnacionalizados de la economía hará aumentar el desempleo y la pobreza. Esperemos que en esta ocasión no se dispare el precio de los alimentos, que tuvo un impacto desastroso para los más pobres en 2008 y 2009. Y desde luego, las presiones fiscales (hoy más complicadas) harán más difícil que los gobiernos compensen ampliamente estos efectos.
Y como el precio del oro anda por las nubes, seguirán las presiones transnacionales e internas a favor de esa temida actividad que es la minería a cielo abierto. No hay que pestañear.
7-¿Qué pueden hacer los gobiernos para aliviar la situación?
En América del Sur se habla de “blindaje”, “anillo protector” y hasta “desconexión”. Cualquiera de estas estrategias es harto más difícil para los pequeños países centroamericanos, menos aun para aquellos que, como Costa Rica, ostentan altos déficits fiscales. Centroamérica, México y el Caribe son mucho más dependientes de la economía estadounidense que el resto de América Latina, pero esto sólo se puede corregir a mediano y largo plazo.
A corto plazo los gobiernos centroamericanos deben defender su mercado regional, que no se verá tan afectado si, como ocurrió en 2008-2009, la recesión no afecta de manera considerable al 30% más rico de la población (que es el que en gran medida dinamiza este mercado).
¿Cómo defender a los más pobres (¡no me defiendas compadre!)? Se hace imperativa una reforma fiscal que genere recursos para al menos hacer sostenible un déficit fiscal que permita estimular el empleo y la economía social. Sí, apostemos a la economía social y a la organización productiva y social de la población en este tipo de emprendimientos. Los humildes no necesitan dádivas, necesitan oportunidades de empleo y condiciones para realizarlas.
En zonas francas es poco lo que se puede hacer (además de rezar), ya que estas exportaciones tienen su dinámica propia, y una vez que se instalan, es poco lo que Costa Rica puede hacer para, por ejemplo, impedir que se ahonde la disminución en las exportaciones de microprocesadores y circuitos electrónicos. Afortunadamente (¡quien iba a pensar que dijéramos esto!), su poco encadenamiento con el tejido productivo nacional amortigua el impacto interno de la caída de sus ventas.
8-¿Qué podemos hacer los/as ciudadanos/as y cómo debemos prepararnos?
En los primeros cursos de economía no enseñan la llamada “paradoja del ahorro”: el intento de ahorrar más para crecer, puede terminar propiciando el estancamiento. Esto ocurre, sobre todo, cuando el ahorro financiero no se transforma en inversiones productivas. Así que no es tan fácil como decir: “hay que ser prudentes y no malgastar nuestros ingresos”.
En realidad, claro que hay que reducir el consumismo y el despilfarro, y contar con un colchón frente a la crisis, pero probablemente haya que gastar más (los que puedan) en servicios que el Estado no ofrece o lo hace de manera insuficiente (salud, seguridad, educación). Y nunca olvidemos el recurso a la solidaridad, que fue lo que seguramente hizo posible la multiplicación de los panes y los peces que se relata en un hermoso pasaje bíblico.
9-¿Saldrán oportunidades de esta nueva crisis?
Siempre salen nuevas oportunidades, el problema es, para quienes. Si la mayor pobreza acicatea la delincuencia, los que construyen verjas y tapias tendrán su oportunidad. Si la crisis vuelve a hacer volátil el tipo de cambio, los especuladores harán su agosto. Y así sucesivamente. Pero poniéndonos serios, claro que surgirán algunas oportunidades. La crisis de la salud en los Estados Unidos estimulará aun más la llamada industria del turismo médico. Pero si el gobierno no actúa, esto solo beneficiará a una pequeña plutocracia de la medicina privada en Costa Rica, y a la larga, seguirá perjudicando a la seguridad social.

La pregunta de fondo es si la clase política y el poder económico por fin entienden que las políticas neoliberales no hacen posible una sociedad sostenible, con crisis o sin ella. ¡Vaya oportunidad sería! Pero no soñemos, no seríamos un país “subdesarrollado” si el subdesarrollo no los enriqueciera. Otros/as tendrán que hacer la tarea.
10-¿Se encuentra Costa Rica preparada para afrontar lo que se avecina?
Hace tres años teníamos un efímero superávit fiscal, pero hoy, un alto déficit. Cierto que las reservas internacionales han aumentado, pero esas son para defender al tipo de cambio y al sistema financiero. Hace unos días escuché al primer vicepresidente hablar de una consulta a “expertos”, pero al pueblo no se le pide parecer. Las fanfarronerías sobre un supuesto blindaje perjudican más que ayudan, al menos si de veras se las creen.
Cierto que no se aproxima el apocalipsis, pero sí años muy duros para al menos el 60% de la población. Ya sabemos qué ocurrió en 2008-2009 (para no ir muy lejos), intuimos qué volverá a pasar y qué no, pero no estamos tomando la crisis en serio. La responsabilidad del gobierno es insustituible y esperemos que el agua no nos llegue al cuello para reaccionar.